FRAGMENTO DE “DESMEMORIAS…”

Fondo DesmemoriasHoy tengo ganas de mostraros un pedazo de mi libro más reciente. En “Desmemorias de un pez en el desierto” vais a encontrar muchas situaciones cómicas en las que se ve envuelto el protagonista o alguno de los personajes que conoce durante su viaje.

Por este motivo me apetece desvelar una de las tantas anécdotas que contiene el libro que no afecta directamente a la trama principal. Estoy recibiendo muchos e-mails de lectores comunicándome lo mucho que han reído con mi novela, eso sí, sin desperdiciar el mensaje y la crítica social que bajo el humor se esconde. Como yo siempre digo: el humor es algo muy serio, y detrás de una situación cómica tenemos que saber encontrar una lección o consejo para el siguiente paso en la vida.

   El beso se produjo en el almacén de material deportivo, en el gimnasio, y duró casi dos horas. Me explico. Nuestro profesor de gimnasia les dio la tarea de guardar todo el material que acabábamos de utilizar. En aquel escenario tan romántico, un cuartucho pequeño con manchas de humedad en el techo como ensaimadas gigantes, se miraron a los ojos y dieron rienda suelta a sus instintos más primarios. El problema surgió por llevar los dos aparatos dentales. Sólo gozaron de ese primer beso tres segundos porque, pasado ese tiempo, sus brackets se enzarzaron en una inesperada lucha para ver quién era el más resistente. Sus hierros dentales se fundieron en un abrazo de tal manera, que ni el ingeniero más hábil del país hubiera podido diseñar tal mecanismo.

   Fueron incapaces de separar sus bocas por sí solos. Y después de varios intentos frustrados, y algunas lágrimas derramadas, decidieron salir de su escondite para acudir a la sala de profesores con esta guisa.

   Aún recuerdo andar por el pasillo de la primera planta del instituto y ver venir hacia mí aquella extraña criatura. Un ser con cuatro piernas, cuatro brazos y una sola cabeza. Pero una cabeza con cuatro ojos, cuatro orejas y una sola boca. Fue una visión que nunca olvidaré. Por su parte, la extraña pareja entró en la sala de profesores lo más rápido que pudo. Esto no evitó que varios testigos presenciasen su percance amoroso, que en pocos minutos ya estaba propagado por todo el centro. ¡Y sin necesidad de redes sociales!

   Los profesores suspendieron las clases de la próxima hora. Se reunieron todos, preocupados por la inédita situación que habían creado dos alumnos enamorados. Era algo insólito, chocante, y debían unir todas las mentes posibles para encontrar la manera de desenmarañar aquellas dos bocas fusionadas. Tenían que estudiar aquel sorprendente ser para recuperar a sus dos alumnos. No querían llegar hasta el punto de tener que hablar con los padres, para decirles que a partir de entonces tendrían que compartir sus hijos. Unos días en casa de los padres de él y otros días en casa de los padres de ella. Como en un matrimonio divorciado.

   Yo fui uno de los pocos que sacamos la cabeza por la puerta entreabierta de la sala de profesores. Vi cómo uno de ellos aguantaba una linterna, mientras varios metían sus dedos en aquellas bocas adolescentes, intentando comprender cómo se había llegado a tal enredo bucodental. Romeo y Julieta sollozaban como niños entre respiros profundos. Les dolía la boca a horrores, gritaban. Comprendieron, desde temprana edad, que el amor era algo tremendamente doloroso.

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