CUANDO ESTUVE EN GUATEMALA

DSC_0248Hoy, queridos amigos y amigas, he recordado mi paso por Guatemala, cuando recorría Centroamérica, junto a mi pareja. Por este motivo he querido hacer un post sobre este país que desprende autenticidad por los 4 costados.

En Guatemala estuvimos en diciembre del 2009 y, la verdad, los pueblos que visitamos tenían mucho encanto. No estuvimos en la capital, pero sí en Panajachel, Chichicastenango y Antigua. Lo suficiente para apreciar su cultura a través de estos pueblos coloniales donde se mezcla lo antiguo y lo moderno.

En Panajachel, pudimos recorrer el lago Atitlán en barca, y visitar 3 de sus villas que lo rodean. En especial nos gustó San Marcos, uno de los más pequeñitos, con las calles peatonales más estrechas que hemos visto, y con un ambiente espiritual. Decimos esto porque en el pueblo vivían gente de otros países que, enamorados por la relajante villa, se habían quedado a vivir montando albergues, hoteles rurales, restaurantes al aire libre y centros de spa. Curioso ¿no?

También visitamos San Pedro y Santiago, donde un niño, nada más apearnos de la barca, se ofreció para hacernos de guía y explicarnos cosas de su pueblo. Lo que más nos chocó es, más que las historias de la ciudad, la vida particular de aquel niño. Escuchar como habla y piensa un niño que nunca se ha movido de su pueblo (ni ha cruzado el lago para visitar los pueblos vecinos), te confirma, de forma contundente, de qué manera influye el tipo de vida que has tenido y al tipo de vida al que aspiras. Aquel niño no conocía nada más, por tanto, solamente pensaba en vender fruta para ganarse la vida, como su padre llevaba haciendo toda la vida. Y ni sentía curiosidad por ver otros lugares más allá del lago.
Cerca de Panajachel, hacia el norte, se encuentra Chichicastenango, un pueblecito conocido por su enorme y auténtico mercado callejero. En él, fueron 3 guías infantiles (foto) quienes nos llevaron por una montaña hasta una ceremonia maya que estaba celebrando una familia. Allí pudimos comprobar en primera persona la grandiosa fe de esta gente ofreciendo todo tipo de comida y velas a su Dios Maya. Nuestro pequeños y traviesos guías se conformaron, como pago por sus servicios, con un enorme y gaseoso refresco que deleitaron lentamente para que durase más.
DSC_0272La última parada, antes de dirigirnos hacia El Salvador, fue Antigua, donde conocimos, de forma casual, un nieto de una catalana que se vino a vivir aquí después de la guerra civil española. Lo más sorprendente es que, siendo la segunda generación nacida en Guatemala, el chico hablaba catalán bastante bien gracias a las clases de su abuela. Lo mejor de todo fue que nos invitó a cenar para poder practicar catalán con nosotros.
Son tantas y variadas las experiencias que vives cuando viajas… Es por ello que yo sentí la necesidad de recoger las mías en mi primer libro: Mi gran viaje a los 40.
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