MAGIA EN EL ESCENARIO

MormonsHacía unos 25 años que no me subía a un escenario para hacer teatro. Pero mi curiosidad, mi inquietud y mi insensatez me empujaron a apuntarme, hace unos meses, a un taller de teatro musical en mi ciudad, Lleida. A pesar del escepticismo que me abordó y el incontrolado nerviosismo, todo salió milagrosamente bien.

The book of Mormon fue la obra escogida por los organizadores del taller, Zum Zum Teatre, los cuales llevan muchísimos años creando este tipo de acontecimientos. Para quien no conozca el famoso musical representado en Broadway y en el West End de Londres, es una disparatada comedia sin limitaciones humorísticas ni censura de ningún tipo. En él, sus creadores (los mismos de South Park), han llevado hasta el extremo la caricaturización de la religión mormona y sus miembros. La obra narra la aventura de dos mormones antagónicos (el guapo-listo y el feo-tonto) destinados a Uganda con la misión de difundir el evangelio. El musical tiene un ritmo frenético de gags y un repertorio musical variado e inteligentemente divertido.

Volviendo a mis particulares miedos, en cuanto se iba acercando la fecha prevista para el estreno de la obra, yo veía imposible que aquello que ensayábamos de forma inconexa y rudimentaria, podía llegar a convertirse en una representación teatral de casi 2 horas sin errores ni pausas. A los múltiples obstáculos y correcciones que tenían lugar durante los ensayos, le teníamos que sumar un cambio vertiginoso de vestuario y maquillaje entre escena y escena que, a mis ojos, veía algo casi inviable. Puede que a causa de mi profesión audiovisual, y acostumbrado a cortar, repetir y ensamblar posteriormente en la sala de montaje, me parecía toda una odisea recrear una historia sin pausa. Y en directo.

Suerte que tuve, todo hay que decirlo, unos fantásticos compañeros de escenario (la mayoría de ellos con muchísimos años de teatro a sus espaldas) que no paraban de repetirme que todo saldría bien. Que por una fuerza superior (¿mormónica?) todas las  piezas que a mi parecían sueltas y desperdigadas encajarían como por arte de magia. Así me lo definieron: la magia del teatro. Pero yo seguía en mis trece. Sólo veía como las horas pasaban y el momento de la representación se acercaba, visualizando un inminente desastre teatral encima de aquel escenario.

Pues bien. Tenían razón. La magia se puso en marcha y como una maquinaria bien engrasada las cosas se fueron sucediendo con una nota mas que notable (no todo sale bien, pero el público no lo nota). Incluso mis diálogos salieron de mi boca con una fuerza y una magnitud superior a la de los ensayos. Fue una experiencia inolvidable.

Mormons2Estoy satisfecho por haber llegado hasta el final en algo que me parecía inalcanzable. También me siento feliz por haber interpretado un musical tan magnífico y desternillante como The Book of Mormon. Pero sobretodo me siento dichoso de haber formado parte de un grupo de personas espectaculares. Un grupo que unió todas sus fuerzas, a pesar de las innumerables adversidades, para dar vida, encima del escenario, una historia con la que el público rió y aplaudió enloquecidamente. Esta fue nuestra mejor recompensa.

Quiero dedicar este artículo a mis compañeros de escena: Pau, David, Tània, Eder, Nando, Manel, Gabriel, Carla, Marta, Fu, Pedròs, Cristina, Pili, Joan, Aleix, Victor, Anna y Miriam. Y sobretodo, a nuestro director, Ramón. El capitán que supo llevar la nave a buen puerto contra viento y marea.

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