Mi primer libro

Un rincón para exponer fragmentos de mi libro al azar. Portada-Libro“Mi gran viaje a los 40” narra las aventuras de un viaje de 6 meses y 6 días que realicé por el continente americano, pero también es un viaje interior. Un intento de ver el mundo desde otro ángulo. Siempre huyendo de la rutina, del trabajo-esclavo, de la sociedad consumista, de nuestra forma de vivir que nos atrapa a nosotros mismos como moscas en una telaraña. Espero que disfrutes de estos pedazos de mi reflexión sobre la vida después dehaber realizado un viaje como este.

 

 

Ferran-Chichicastenango

Hay gente que siempre serán niños. Y hay niños que siempre fueron adultos. Por alguna extraña razón, esto siempre es así.

Los segundos, cuando son niños, se comportan y actúan como verdaderos adultos. En su interior, siempre albergan un espíritu maduro, avanzado… gris.

En cambio los primeros, por muchos años que cumplan, siempre conservan en su interior ese niño inocente, esa mirada curiosa, esa magia por hacer las cosas con ilusión.

Y yo me considero de estos últimos.

 

Por norma general, todo el mundo quiere algo que no tiene.  Todo el mundo quiere tener más dinero, ser más guapo, más delgado, más inteligente, tener un trabajo mejor, una casa más grande, un coche más caro, una mujer más espectacular, un jefe más comprensible.

En cambio, no hacemos nada para que cambien las cosas.  Aunque no seamos creyentes, miramos hacia el cielo, levantamos las palmas de las manos y clamamos:  ¡Ojalá cambie mi vida!

Entonces, ¿por qué no hacemos nada?  Porque supone demasiado esfuerzo.  Y además, siempre encontramos excusas para no cambiar los diferentes aspectos de nuestra vida.

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¿Qué necesitas para ser feliz?

¿Necesitas un coche lujoso y una casa de 400m²? ¿Necesitas salir a cenar fuera de casa 1 o 2 veces por semana? ¿Realizar un viaje al año? ¿Dos?

Entonces trabaja 10 horas al día, 6 días a la semana. Levántate de la cama al grito del odioso despertador. Sumérgete en un mar de vehículos cada día para dirigirte a tu particular galera. Rema fuerte y sin parar a golpe de látigo, hasta que tu espalda se ponga roja. Deja a tus hijos con sus canguros hasta que un día ni te reconozcan y dejen de llamarte lo que con tanta ansia deseabas oír como sus primeras palabras. O ponles delante de cualquier pantalla para que se olviden de sus ganas de jugar contigo y así poder relajarte en el sofá con chaise longue (que aún pagas a plazos), hasta el próximo día de trabajo.

¿Merece todo esto la pena? ¿O sería mejor volver a replantearse qué es la felicidad para ti?

Tómate el tiempo necesario para reflexionar sobre ello hasta que lo llegues a ver con claridad.

 

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